Que un amigo venga a tu trabajo a traerte un regalo tardío de parte de toda la tropa, cruce de Reyes y cumpleaños, y se meta por su cuenta y riesgo en la oficina a buscarte por los pasillos. (Mil gracias, chicos).

Que, además, venga a rescatarte para tomar un café. (Lástima que tuviera toneladas de curro pendientes y no pudiera ir a tomarlo).

Pero, sobre todo, que el personal de la oficina lo confunda con Ki y se dedique a ir marujeando y cotilleando por detrás, siguiéndonos con mal disimulado disimulo...